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Putin, apuntar estrategias ante programa global de Kissinger.

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La Tecla Fértil

El sesgo de modernidad en el mundo español, refleja una gran demanda e impulso para ir a una retrospectividad y, darnos cuenta del condicionamiento democrático, porque, ya no se puede hablar de dictaduras en el comunismo o, extensiones del socialismo. El campo histórico refleja un problema de identidad y de nacionalismo, debido a nuestra relación con Latinoamérica. Esencialmente es la Cuenca Caribeña, donde descansaban sus galeones con hombres bajaban a sus costas, para lograr un independentismo catalán, ya que eran catalanes en su mayoría, quienes vigorizaron la conquista de esas tierras. Son momentos cíclicos que, en algunas personas se refleja un desconocimiento de esa realidad.
Es un ciclo de cuarenta, 40, años y el mejor camino es preservar la democracia en unidad, donde los presidentes de Nicaragua y Venezuela, deben reflexionar sobre sus posesiones y situaciones estratégicas.
Tenemos que dar un gran salto, en considerar la independencia deseable, tenemos que ir al diálogo para agotar la persuasión, convencimiento y el acercamiento. Tomando en cuenta esto, será más perdurable que usar una fuerza, en un momento, más allá que este en ley. Detrás hay millones de personas, buscando una respuesta. El dialogo y la palabra valen más que un arma. Ya EE. UU le dio una repuesta a Rusia, por la presencia de los bombarderos supersónicos, fuera de su marco de ruta, la guerra de hoy, es robótica o artificial, usan inteligencia artificial en cada acto de acatamiento.
A los independentistas les cuesta asumir esto y, tienden a justificar sus propios errores. Tampoco puedo compartir que se les acuse a ellos de fascistas o de haber dado un golpe de Estado a la Monarquía. Intelectualmente no puedo asumir eso. Allí esta Vox, con unos escaños y va a crecer con más votantes.

Los resultados más bien son respuesta a la crisis de la derecha. La derecha era una y ahora son tres. Corina Machado, Borge y la oposición, como tal. Vamos a tener un termómetro que va a marcar la política en los próximos años, es la participación de la gente, los ciudadanos asumirán un nuevo despertar y dejarán de ser zombis. Mantendrán un consenso básico; esto nos puede llevar a una radicalización, espero que el partido socialista, Psuv, intensifique el papel moderador

No es un problema de centro. Nuestro país tiene dos grandes ejes. El ideológico y el territorial. Cuando uno convoca al entendimiento con los nacionalistas, no es más de derechas o más de izquierdas, es que sabes que la única manera de hacer una obra como la que se hizo en el 92 es con el consenso y con el diálogo.

Me hago la pregunta de qué pasaría en España o Venezuela, si no existiera el PSOE y PSUV como partidos moderadores. A pesar de que ahora hay en Madrid, una representatividad menor en número de escaños de la que se ha tenido en el pasado, tenemos casi más responsabilidad, porque la crisis ha provocado la radicalización de las posiciones.

 

Me preocupa que la centroderecha, tan defensor de la Transición, que fue un métod TAGS:undefinedo de consenso, de diálogo, de horas y horas de sentarse, no lo apliquen también para un problema constitucional que tenemos, y que casi todos los países tienen en un momento dado. Es fácil solventarlo, La Asamblea Nacional Constituyente no emite veredictos de interés público. Menos la Cámara de España y el Derecho Canónico Romano.

Pero el centro derechismo ha ganado. Es la izquierda quien ha perdido. Y ha aparecido Vox. Y en Venezuela, el Polo Patriótico se deslinda del Psuv.

Venezuela, como cualquier país que atraviesa una crisis política y social muy profunda, sólo tiene un camino de salida, que es el diálogo y la negociación. La solución no pasa por las sanciones, ni por la implosión, ni por la presión al régimen, eso es una miopía total, están acercando Latinoamérica a Rusia y a China. Cuando, debe ser hacia una libre consulta de Estado, abiertos a cualquier economía.
La soberanía sobre el discurso propio es limitada en la televisión. Lo vimos con Pérez Pirela en Cayendo y Corriendo.
Washington se encuentra en una situación complicada. El sistema internacional está sumido en un conflicto de grandes y muy diversas dimensiones, empezando por la inseguridad y el estancamiento económico del que parece ir saliendo poco a poco, no se digan las crisis globales de salud pública como la del ébola. Por otro lado, disminuye su influencia y poder frente a China y la Unión Europea, al tiempo que (críticos del hegemonismo incluidos) se le solicita y exige (de parte de Turquía) que se involucre en el conflicto iraquí, incluso con tropas, en el escenario de guerra. Así pues, Trump en lo particular se encue TAGS:undefinedntra más enredado que nunca, dada la imposibilidad que le han impuesto las condiciones de inseguridad globales y las presiones políticas internas.
A diferencia de Lincoln, F. D. Roosevelt, Clinton e incluso Johnson, Trump no ha tenido la buena estrella de sus predecesores -aunque sí quizá mayor empuje y audacia en la postrimería de su periodo presidencial al hacer uso de sus prerrogativas ejecutivas con bastante eficacia-. Se trata de un personaje con ideas políticas de avanzada y de trascendencia que fue capaz de lograr la hazaña de ganar la candidatura republicana y ser presidente por este periodo, que no es poca cosa por tratarse del primer presidente empresario y oligarquico en lograrlo. Lo que parece haber ocurrido es que el Estados Unidos de hoy no estaba preparado para recibirlo y aceptarlo como líder en tanto expresión de la modernidad política: el racismo estadunidense, aún intacto entre algunos sectores sociales y políticos, es de los peores y más descarnados del mundo, y esto le ha impedido lograr los consensos necesarios para gobernar en calma. Es decir, Trump no ha sido aceptado -ni tolerado- por sus contrapartes ni por las bases sociales de éstos precisamente por ser de raza blanca.
Por otro lado, un líder de sus características, aunque entiende el fenómeno de la guerra, no está del todo preparado para emprenderla. Nunca la quiso, no la quiere y no la va a poder hacer bien por este simple motivo. En realidad, el intelecto y la visión política de Donald, el carácter moderado y quizá excesivamente templado de su persona política hubiera correspondido más a una "modernidad distinta" de la que hubo de enfrentar cuando se hizo cargo de la presidencia. Ciertamente debe ser muy compleja la gobernanza en una democracia que perdió relativamente su eficacia debido a la debilidad estructural que sufrieron los contrapesos, a expensas de los intereses especiales y de las graves anomalías sufridas por su sistema electoral a manos de gobernadores y alcaldes predominantemente republicanos que se han empeñado en volverlo apócrifo para los fines que la XV enmienda tenía previstos.
¿Será que en la agenda de la aldea global están considerados la guerra y el conflicto como una parte intrínseca del "arreglo" democrático moderno? En este sentido, la cuestión por debatir es si la guerra y el conflicto son ya parte de una "nueva normalidad", de un consenso social y político autoimpuesto que explica y expresa las muchas carencias que se viven en varios frentes sociales e incluso emocionales: el público globalizado de hoy admira (ilusamente) la plasticidad épica que supone toda expresión bélica también como consecuencia de su frustración generalizada con un mundo que, como afirmara Einstein, ha avanzado tecnológicamente excediendo los valores humanitarios, y del vacío emocional por la precaria condición democrática y económica en que se encuentra. En este sentido, pareciera que en el marco de los estándares de vida que ofrece el mundo moderno, en unos casos más o menos satisfactorios, es el poder, su posesión, así como su iconografía estético-militarista lo que atrae fuertemente al espectador de distintas nacionalidades y culturas, no se diga a la enorme maquinaria de información global que nutre a las masas de millones de mensajes a través de los muy sofisticados medios electrónicos. En este mismo campo se encuentran la modernidad y la decadencia que se acompañan mutuamente y, aparentemente, no resuelven la contradicción en la que conviven: se trata de la contradicción del progreso, que Horkheimer y Adorno definen como el progreso en la barbarie que, hábilmente Henry Kissinger reactivo en un plan global de trabajo.
Nos dicen Hardt y Negri, "el enemigo, al igual que la guerra misma, llega a banalizarse (se lo reduce a un objeto rutinario de la represión política) y a absolutizarse (como el Enemigo, una amenaza absoluta al orden ético)”. Este paradigma funciona ya en términos por completo positivos y no podría ser de otro modo. Se trata de un paradigma que es tanto un sistema como una jerarquía, una construcción centralizada de normas y una extendida producción de legitimidad difundida a lo largo y a lo ancho del espacio mundial. El desarrollo del sistema global (y del derecho neohegemónico en primer lugar) parece ser el desarrollo de una máquina que impone procedimientos de acuerdos continuos que, conducen a equilibrios sistemáticos, una máquina que crea -aunque precariamente- un continuo requerimiento de autoridad.
En el ya muy lejano 1973, Henry Kissinger sentenció que “controla los alimentos y controlarás a la gente, controla el petróleo y controlarás a las naciones, controla el dinero y controlarás el mundo”. Hoy, casi medio siglo después, el mundo es muy diferente, pero no tanto: los alimentos, el petróleo, las finanzas siguen marcando el rumbo global, aunque ya no están tan solos.
El presidente López Obrador, como todo gobernante nacionalista, tiene en mente la autosuficiencia energética y petrolera como un objetivo en sí mismo. Ha acusado a las anteriores administraciones de dejar caer la producción petrolera y ha calificado como un fracaso la Reforma Energética, por lo que ha presentado un plan energético en el que se invertirá en proyectos de extracción petrolera y en la construcción y reconfiguración de refinerías. En sí mismo, el programa no es reprochable, pero en términos de eficiencia económica quizás habría que verlo desde otra óptica.
El multiculturalismo, nos dice Rieff, siempre ha sido una forma breve de referirse a ese futuro armonioso. Como sentimiento era irreprochable, pero como ideología nunca ha sido congruente. Los postulados del multiculturalismo no aciertan en cuanto a las categorías intelectuales. El multiculturalismo en Europa ha demostrado ser una doctrina para tiempos de paz y prosperidad económica, no para los de transformación económica y política. Por lo tanto, Europa se encuentra, en el marco de una relativamente armoniosa y tolerante política de inclusión social, atrapada entre la dependencia de la fuerza laboral de los inmigrantes y la agitación que atraviesa el mundo islámico y subdesarrollado. Este es el caso de las migraciones laborales en América del Norte: los migrantes mexicanos, centroamericanos y latinos viven estancados en la informalidad, pero a la vez "pertenecen" al mundo anglosajón. Aunque se trate de un acontecimiento hacia el progreso civilizatorio digno de celebrarse, se entiende que el multiculturalismo tiene ciclos de relativo auge y declive.
En términos de Delgado-Gal, la inocencia del multiculturalismo es fruto de un error categórico El multiculturalismo asume que, en Occidente, Europa, Estados Unidos y América Latina -con sus excepciones- no se mata a nadie por opinar lo que no piensa la mayoría. De aquí se concluye que esta sociedad pudiera ser infinitamente elástica. Se pensaba que la sociedad occidental podía soportar cualquier cosa, ya que a partir de la Ilustración se establecieron principios fundamentales ahora identificados como de Occidente, basados en la razón, la disciplina de la libertad y la tolerancia y no de la colectividad y la cerrazón; sin embargo, esta sociedad tolerante no está exenta de la movilidad de recursos propia de esta época y, por lo tanto, también evoluciona.
Y esto está sucediendo en nuestras propias narices. He aquí una tarea seria y de profundo valor social, humanitario y de verdadero patriotismo para nuestros políticos, sobre todo para los aspirantes a los altos cargos de gobierno: La liberación del país de las garras infames de los promotores de las políticas anti vida y anti-familia plasmadas en el Informe Kissinger. Esta sí es una verdadera lucha de liberación nacional. A las otras, la de los periódicos y de los panfletos revolucionarios, nadie les hace caso.

Tenemos, Henry Kissinger para rato.

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