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El tiempo, colapsa al presidente Nicolás Maduro, el papa y Putin están distantes

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Asidero
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Ya, no se debe alimentar las mentiras. Los niños venezolanos, conocen su verdad, poco tienen a mano para alimentarse y, basta ir a las calles principales, zanjones y ventas de comida rápida para ver, como abren las bolsas de basura, buscando de que alimentarse, en un país rico, saturado de minerales energéticos, Sus padres y adultos, tienen que trabajar doble para llevar a su hogar alimentos por un día, el salario mínimo, no da para más.
Desde pequeño he leído sobre el marxismo. Esta historia ya es poco creíble, cuando vemos a una Rusia y China virándose hacia el capitalismo y, un Donald Trump, de una manera inteligente indicando los trazos de esa historia ya raizada por la falsedad de unos líderes que nunca le dieron al pueblo, una felicidad requerida por todos.
Creo que, regresamos a la época de Adán y Eva, son culturas espirituales, poco conocidas, viajamos en un mundo globalizado con ellas.
Para Harari, las ficciones nos aglutinan como sociedad: la ficción de un dios, de una bandera, de un equipo de fútbol, del ‘sueño americano’, o la ficción del miedo que enquista el odio y origina los prejuicios (el racismo, la homofobia, la misoginia, la xenofobia) con los que suelen sostenerse en el poder los políticos: miedos y odios inventados. Alguien dijo que algunos de quienes votaron por el ‘No’ vivieron la guerra por televisión. Muchos de ellos conservan vivo el miedo que nunca padecieron porque así lo repiten quienes necesitan conservar esta situación sabiendo que la gente “no se cree todo lo que les contamos y hay que inundarlas de pruebas”.
Ojalá, que el presidente Nicolás Maduro Moros mire hacia el porvenir, desde sus años mozos de hippie y en la liga socialista, ¿cuál es la diferencia? Es un camino de aventuras y de ficción y, 2018, es la mayor, debe enfrentarse con el espejo, su propia realidad, hay que demoler los miedos para enfrentarnos al pasado y empezar a desmontar los miedos, en algunos puede resultar en una nostalgia, pero, debemos cambiar esa realidad, se vuelve a reinventar La Gran Colombia.
Poco, me gusta hacer refritos redaccionales, pero, este tema ya es trillado ante un país equivocado y, donde la población poco desea tener su equidad ideológica. Es trascendental, hasta los mejores amigos, lo abandonan a uno. podríamos afirmar sin temor a equivocarnos que un país donde no existe o es lamentable el resultado de la justicia como órgano supremo de la estabilidad estatal, es sencillamente un país inviable.

La corrupción se legaliza y está presente en todos lados donde se mire el Poder; especialmente, en organizaciones públicas; y, a causa de esto, los partidos políticos están atravesando una grave crisis, atribuida a la falta de credibilidad y confianza del electorado con sus líderes. Se suma a lo anterior, la pérdida de valores y una ideología desdibujada por cuenta de las ambiciones políticas individuales.
Los movimientos políticos abandonaron al Estado y su Constitución. Su compromiso, ideología y sus programas, constituyen cartillas para imberbes. Una montonera, que como camaleones se van de Directorio en Directorio, ya vamos des el MRB- 200 hasta Somos Venezuela, quedan atrás Psuv y una carga izquierdista, Marea Socialista. Ya la gente no quiere mermelada de mango, desea hacer un viraje político, desde la capital de La Gran Colombia, Bogotá. Así, lo pensaron Miranda, Bolívar y Chávez, todos murieron en circunstancias similares, la libertad de un Continente.
Analizando los comentarios publicados en páginas web, comprendo porque se esfuman los valores y se resquebrajan los Directorios, cuando cada uno quiere ir por su lado, sin auténticos líderes que merezcan respeto, admiración y que den buenos ejemplos.
Los procesos electorales colombianos se mueven fundamentalmente en base a las triquiñuelas que los políticos de profesión han diseñado para mantenerse en el poder y de beneficiarse de la corrupción que lo acompaña. Una de esas prácticas mañosas es la del voto amarrado, que aparentemente se conoce como el caudal electoral, pero que no es otra cosa que los votos que se obtienen por medio de diversas artimañas, cuando no por la compra descarada de los mismos.
El politiquero sagaz, que se postula constantemente, sabe que tiene un número de votos para salir elegido o para negociar las alianzas que terminan siendo, en muchos casos, verdaderas asociaciones para delinquir.
Esa es la razón por la cual siempre se eligen los mismos, quienes una vez en su puesto el único aporte que hacen es seguir con las mismas malas costumbres, razón por la cual el progreso de este país es lento y tortuoso.
La única forma de contrarrestar esta perniciosa práctica es derrotando la abstención mediante la determinación individual y la voluntad de salir a votar o no votar, pues esto abre la puerta a otras opciones, poniendo en peligro el imperio electoral de los mismos de siempre.
Ellos tienen sus votos cautivos; su única preocupación es que sus electores concurran a las urnas; por ello los buscarán el día de las elecciones, los transportarán gratis al sitio de votación, les brindarán el almuerzo respectivo y hasta les montarán un espectáculo lúdico para mantener su caudal.
En cambio, los abstencionistas, la gran mayoría de los venezolanos, siempre tienen un pretexto para no votar: que les asquea la política; que las elecciones son el mismo día del cumpleaños de la abuelita; que ya tenían programado un viaje para ese día; que es perder el voto, porque el candidato que les gusta no va a salir... y podríamos citar mil excusas para no hacerlo, lo cual explicaría el alto porcentaje de abstención y por qué siempre ganan los mismos.
Si todos votáramos, por quien sea pero que votáramos, el país empezaría a cambiar; eso es lo que hemos querido todos estos años.


Resuélvase, anímese y a votar. Si no vota, se le respetará, pero, participe y de su opinión.
Uno no debería considerar como antípodas aquellas manifestaciones del universo que a primera vista pareciera que lo fueran. Y digo a primera vista, en forma figurada, pues a la vista si lo son: es un problema de interpretación.
Las antípodas son asuntos que: “se hallan en una posición radicalmente opuesta”. En geografía se podrían citar por ejemplo el “norte y el sur”, o en física la “materia y el vacío”; en un lenguaje más corriente podríamos incluir los vocablos “apagado o encendido”. En la literalidad, todos corresponderían a verdaderas antípodas, pero filosóficamente hablando no. El norte no se opone al sur por decisión propia, sencillamente existe, por lo que la condición de antípodas a los fenómenos de la naturaleza es una referencia mental de los humanos para resolver algunos problemas prácticos de la cotidianidad.
Pero las antípodas si existen, y son aquellas que por su propia voluntad se colocan entre sí consciente o inconscientemente, justo unas en contra de las otras.
Sobre la batalla de egos no queda mucho por decir. La pugnacidad de la contienda electoral refleja no solo un estado de polarización muy intensa, sino un ejercicio desesperado de algunos individuos por hacerse rabiosamente con el poder. Sus disputas son agrias, displicentes, engañosamente atrevidas, cargadas de trucos efectistas y de una vanidad personal que contradice abiertamente sus aspiraciones de servir al pueblo, y más bien muestran un deseo frenético por servirse a sí mismos mediante el disfrute de los almíbares del trono si es que logran conseguirlo.
Son unos solemnes desconocidos
No me opongo a la controversia, que es la esencia de la democracia y de la lucha política. Pero lo que se ve es una guachafita sin contenidos, un alarde irrespetuoso e irresponsable con los ciudadanos
Me preocupan las dos cosas. Una reyerta sin cuartel y sin orientación protagonizada por quienes tienen acceso a los micrófonos, auspiciada por los grandes medios de comunicación que, además de verter en las campañas sus propios intereses, encuentran en la pendencia una oportunidad más para exacerbar los bajos instintos que le pongan sabor a la contienda en beneficio del negocio; y, por otra parte, unos espectadores inermes, desconcertados y desinformados, a punto de asumir la responsabilidad de manifestarse en las urnas en torno a los destinos del país.
Visto así, el diagnóstico es malo; pueda ser que regrese un poco la sindéresis a Colombia, y la nación pueda tomar decisiones juiciosas y que elijan el camino del progreso, de la paz, la equidad, el de la protección de este planeta mal herido, y por el respeto profundo de los derechos humanos dentro y fuera de nuestras fronteras.
El estado de cosas en Venezuela no solamente se debe a la dictadura de Maduro, que cada día se radicaliza más en sus arbitrariedades contra el pueblo. Buena cuota de culpa recae en la oposición que no tiene un rumbo definido y menos un líder conductor contra el gobierno de Maduro que canalice todo el descontento.

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